acerca de

Todo empezó con una conversación entre hermanas. Después, cada una de nosotras, y sin imaginar el alcance de nuestras palabras, escribimos en Facebook nuestros respectivos testimonios. Inmediatamente se desató una avalancha de comentarios de mujeres, sí, pero también de hombres, compartiendo sus historias y expresando sus opiniones.

Nos ofrecimos a recopilar testimonios de otras mujeres, sin saber muy bien qué seguiría después. Lo que siguió fue esto: la sistematización del esfuerzo. Mientras preparábamos esta página, se viralizó el hashtag #miprimeracoso que nos confirmó la necesidad de este espacio, ajeno a cualquier institución, en el que todas y todos podamos alzar la voz, sin límite de caracteres, en contra de la violencia de la que somos víctimas las mujeres.

Estamos en duelo. Porque cada historia de acoso o de abuso confirma que hemos sido despojadas de la comunidad a la que creíamos pertenecer; porque la cultura de la violación que existe en México conduce al feminicidio. El duelo es un trabajo y estamos trabajando por hacer visible la pérdida, porque se le reconozca y por construir algo con la rabia, con el dolor y la tristeza. El duelo terminará cuando no haya más testimonios, cuando todos reconozcamos la pérdida y las mujeres podamos salir a la calle sin temor a ser violentadas. Cuando se reconozca nuestro lugar en la sociedad, no al que nos habían confinado, sino uno que, desde la diferencia, reconozca que tenemos tanta libertad como los hombres.

Ana Negri y Lorena Abrahamsohn

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1 Comment

  1. Admiro las acciones y la espiral de esfuerzo que crece y crece. He leído ya decenas y decenas de testimonios y cada uno duele. Duele doble porque cada uno pone en evidencia la facilidad con que la violencia se disfraza de “natural”. Duele triple porque dejan ver cómo el acoso de los hombres a las mujeres pernea hasta lo más recóndito de sus vidas, su memoria y su intimidad. Aplaudo la postura crítica que busca llegar a la raíz de una forma tan noble y transparente.

    Desde donde yo estoy, rechazo los discursos que empiezan a aparecer pretendiendo que los hombres, por el simple hecho de serlo, somos reproductores de las violencias machistas. Lo lamento, primero porque yo no me asumo violento; segundo porque pensar así es caer en lo mismo que se combate.

    Por último, y con el mismo sentido crítico, aunque eso no sea lo que ahora importa, no se crean que los hombres tenemos tanta libertad. Somos víctimas también de la violencia y el acoso cotidianos de hombres contra hombres y de mujeres contra hombres -en mi caso, víctima de una mujer a la que muchas admiran y siguen como gurú, y que en los hechos ha ejercido la misma violencia de género en todas sus formas que se supone que denuncia-, pero eso es otro asunto, y no el prioritario.

    Como hombre pacífico e igualmente crítico, enemigo de la violencia en todas y cada una de sus expresiones y manifestaciones, yo acompaño este duelo y quizás por ahora, la manera más congruente sea hacerlo desde el silencio, la autocrítica y la reflexión.

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