La mujer abogada

La historia del acoso en mi vida (tengo veintisiete años) [empezó] a los quince años mientras regresaba del CCH Azcapotzalco a mi casa en Tultitlán, dormida por el cansancio, calor y las desveladas que me acomodaba por hacer tareas. Un hombre de unos sesenta años venía poniendo su pene en mi cara, yo no sentía porque venía dormida hasta que el camión hizo un movimiento brusco logré despertar y darme cuenta, [de que] mi cabello venía enredando en el cierre de su pantalón. Nadie hizo nada, mucha gente lo vio pero nadie lo quitó. Me sentí fatal, sucia, con miedo, no supe qué hacer, aún faltaba para llegar a mi casa. Paradas después bajó la persona que venía a mi lado en el asiento, me recorrí y mi agresor se sentó, comenzó a tocarme las piernas y meter su mano entre mis músculos; me llené de terror, me levanté y todavía le pedí permiso para salir. En ese momento me agarró las nalgas y como pude toqué el timbre del camión y descendí. Creí que me seguiría pero el camión cerró la puerta y se fue. Tenía mucho miedo, no sabía qué hacer así que sólo caminé. Desde ese día, jamás me quedo dormida en el transporte.

Nunca les conté a mis papás por vergüenza, odiaba ese camino e incluso cambié la ruta y después me fui a vivir más cerca de la escuela para no sufrir con los trayectos, los hombres y sus pensamientos.

He pasado por agarradas de nalgas, me han seguido en los andenes del metro, me han hecho la plática y querido llevar a hoteles. Un taxista y un microbusero se masturbaron enfrente de mí, salí corriendo y me sentí afortunada de poder escapar.

El acoso ya lo vives como algo normal, algo que diario sucede y que incluso ves como ganancia que sólo sean palabras y no manoseadas. Es algo a lo que desafortunadamente nos hemos acostumbrado, pero vivimos con el temor de lo que pueda suceder. Siempre alerta, desconfiadas y temerosas.

Estudié derecho para defender a grupos vulnerables, porque en México la justicia está por los suelos. He tratado de luchar contra miles de vicios y malas prácticas de los abogados. No es fácil “porque soy mujer”, dicen algunos, pero porque soy mujer lucho por ganar espacio en ámbitos cerrados a los que sólo tienen acceso las mentes masculinas. No es fácil, aún hay camino por recorrer, pero luchar ahora hará de nuestrxs hijxs un México mejor, más libre y digno de vivir.

 

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Author: Ana

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